El propósito: sobrevivencia

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El siglo XX modeló un capitalismo sin un fundamental propósito, que permitió a tergiversadas teorías de sobrevivencia del más apto y libre mercado, acciones hacia metas de corto plazo, encubrir externalidades y descuidar y hasta dañar a ecosistemas en los elementos ambiental y humano.

Escándalos mundiales, crisis en la    bolsa,  burbujas económicas sin valor real y la crisis financiera global, piden revisar el modelo económico-social dominante y lo evolucionado sobre la revolución tecnológica de hace casi 300 años.

La democracia y el capitalismo como sistemas predilectos, responden a su mecanismo de ser los más aptos para haber sobrevivido. Hoy, sin embargo, pareciera que el desarrollo social está muy rezagado respecto al económico en este siglo de volátiles y acelerados cambios y una nueva revolución tecnológica.

También pareciera que Misión, Visión y Valores no se han encargado de los temas fundamentales.

La máxima, sobrevivencia del más apto, no cuestiona a democracia y capitalismo en la validez de dicho mecanismo evolutivo sino en su limitada meta: sobrevivencia.

¿Por qué no aspirar a vivir en vez de solo sobrevivir? y porque no, proponer por una más ambiciosa meta: vivir plenamente.

Al no preguntamos (o al menos lo suficiente) si nuestro actuar y esfuerzo son guiados por un propósito, menos aún preguntamos si nuestra vida, nuestro papel en una organización y la misma organización tienen un propósito significativo, relevante y trascendente.

Evolucionando sobre conceptos de productividad, eficiencia y desempeño, pensamos que estar ocupados es un buen indicativo y acumular riquezas es El indicador de éxito. Lo menos que deberíamos hacer es preguntar: ¿hay formas mejores? ¿hay mejores métodos y modelos? ¿podemos proponernos mejores metas?

Propuestas de cómo hacer mejor las cosas hay muchas; desde capitalismo consciente hasta las inteligencias artificiales en el mundo del Internet de las cosas.

Hay teorías proponiendo extender el concepto de Dirección de Proyectos, a Dirección por Proyectos, otras contrarias promoviendo prácticas disruptivas que creen innovación.

 

Más y más escuelas sociales o económicas

proponen un mayor y mejor grado

de consciencia y atención a lo que en

verdad es importante;

a partir de allí, conducir entonces los recursos y esfuerzos.

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