Gobernanza e Ingobernabilidad

  1. Gobernabilidad

Fuera de análisis políticos o macroeconómicos de gobernabilidad, el término gobernanza pareciera ser antecesor a ésta desde el manejo de la vida personal, el núcleo familiar, un micro-estado como los teóricos ejemplos de Platón, hasta las comunidades actuales.

Gobernanza en ambientes de organización, empresa y microeconomía pareciera responderse rápidamente con la existencia de un gobierno corporativo y la integración de un buen consejo de administración que vela por el bien y el porvenir de la organización y su entorno.

Factores culturales como la corrupción y el miope pensar ético complican la sencillez anterior. El accionista quiere dirigir para su bien y a veces de inicio olvida que su bien resultará del de su empresa u organización. El director no entiende si su lealtad es para todos los accionistas, para el que lo sentó en la junta o para la administración de la empresa. El ejecutivo o director principal se vuelca a actitudes clientelares hacia directores de junta y socios o simplemente a enfoque de resultados de corto plazo que le reditúen en bonos o ascenso personal.

En este ambiente micro de incongruente diseño e irreflexiva autocrítica, incautos y sorprendidos nos preguntamos por la causa de epidemias de estados fallidos. Como si por generación espontánea, culturas de interés individual, no inclusivas o anti-éticas empresarialmente pudiera surgir una clase política de diferente fondo. La cultura se va creando cual pesca en una mega red, colando a un lado aguas saladas, estériles, sin producto y acumulándo en la red una pesca corrupta.

En esta gran pesca de corrupción queda aquel pececito que substrae suministros de oficina, cobra horas de no trabajo o comisiones de poca monta. En la misma pesca, alimentándose de esos pececitos, los peces gordos: los que corrompen y los que son corrompidos. Ambos creciendo en obesidad y al final víctimas en su irreflexivo y egoísta actuar, son alcanzados por bolas de nieve de ansiedad, cárcel o exilio en su putrefacta acumulada riqueza.

La anti-ética [poco pensar en nuestro actuar para el bien propio y de nuestro alrededor] es el principal motor e impulsor de la corrupción. La indiferencia y permisividad, propia y de administradores de justicia, alimentan la impunidad. Las empresas sin real gobierno o de perversos intereses, creciendo para sí y su comunidad círculos viciosos de defectuosa gobernanza.

Éstas tres, desde lo micro, escalan en múltiples crecientes espirales desde las clases ciudadanas a las sociales, empresariales, gremios y finalmente se forman normas para clases políticas, élites y gremios. [Enraizadas muy frecuentemente en corruptos funcionarios públicos] Servirse del sistema y no servir a los que se debe, es el común mecanismo e impulsor que nace del anti-ético y egocéntrico concebir del beneficio.

En sistemas dictatoriales o democracias donde políticos aprenden a hacer en la ley un cultivo de mezquinos intereses alimentados en la indiferencia o ignorancia ciudadana, se instala en sociedades sofisticadas el cabildeo y la burda corrupción en nuestros países en vías de desarrollo.

En los MEGA-escándalos de corrupción latinoamericanos, la gran mayoría de delincuentes y presuntos delincuentes operan hasta en la cima de los poderes del estado. Invariablemente aparecen en el mundo empresarial, cómplices de funcionarios públicos que se terminan infiltrando después entre las víctimas. Esta dificultad en crear un ambiente para el desarrollo sostenible, inocula en Latinoamérica la pandemia de ingobernabilidad.

¿Cuánto se debe a falta de educación o la no participación de “los buenos” en la política? Por ésta no participación preguntamos ¿La clase política ha sido tomada principalmente “por individuos de intereses individuales”, en vez de agentes de cambio de ético interés y actuar? Pienso que las respuestas y nombre del problema puede ser más profundo y adentrarse en enraizadas culturas de corrupción, impunidad e indiferencia.

En un primer análisis, la ingobernabilidad es producida directamente por corruptos personajes de interés individual que quiebran la resiliencia ciudadana. La indiferencia se torna en una dinámica de participaciones ciudadanas no sumisas y de difícil manejo. En un diferente análisis menos directo, la ingobernabilidad puede estar naciendo en prácticas comunes de empresas, élites, gremios y hasta completas clases mercantiles donde rentabilidad y eficiencia cortan de tajo la posibilidad de coexistencia con ética, inclusión y solidaridad.

¿Cómo puede curarse el flagelo de la corrupción y la anti-ética? Sería un cuestionamiento.

¿Cómo puede incluirse en escuelas de negocio conceptos de desarrollo sostenible? Sería un cuestionamiento diferente.

¿Dónde termina la macroeconomía, política e ingobernabilidad y donde comienza microeconomía y gobernanza? Un cuestionamiento que atañe a todos: ciudadanos, empleados o empresarios.

Para tener mejores gobiernos, esperanza de desarrollo sostenible y estados de efectiva gobernabilidad, tendremos que educar y des-culturizar en elementos origen de corrupción e impunidad. Pero además, fundamentalmente tendremos que dirigir las organizaciones, principalmente las de fines de lucro, con órganos administrativos más éticos y de mayor sensibilidad social, para que su rentabilidad, crecimiento y longevidad se anclen y prosperen en principios de sostenibilidad. El factor económico tiene prioridad y cohabita en la misma platea con un responsable actuar hacia el ecosistema en donde se opera.

El dicho popular recita: los pueblos tienen el gobierno que se merecen. Un rezo parecido dice los países y sus gobiernos son el reflejo de sus élites. Si el criterio de permisividad o complicidad se usa, podría inferirse que los dichos son ciertos. Criterios antagónicos contradicen en hijos de abusadores y víctimas de contundentes victimarios quienes no terminan siendo abusados porque lo merecen; estos dichos no son axiomas. Los dichos no recitan una verdad absoluta ni cercana a la mayoría de realidades.

Lo que si es cierto es que para llegar a tener mejores países, gobernados por mejores clases políticas, no todo se cambiará en la redacción de mejores leyes e importación de ángeles para funcionarios, de culturas que no fomentamos y con las cuales no contamos. Leyes y funcionarios mejores serán necesarios más no suficientes. Desde la conciencia y gobernanza individual, creciendo a gobernanzas organizacionales correctas en lo social o económico, se crearán culturas de gobernabilidad que permearán hacia arriba a gobernabilidad, proactividad y modelos mejorados de desarrollo sostenible para cada uno de nuestros pueblos y nuestra región.

Probablemente debemos dejar de ser incautos e iniciar nuestra consciente auto-crítica. Pobres gobernanzas, cunas de ingobernabilidad y males sociales generan culturas enfermas y un modelo de civilización insostenible.

Lo maravilloso es que la solución e implicancia de cuando y como creamos la inflexión depende de cada uno de nosotros más allá de lo que nos atrevemos a imaginar.

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